Escanear y listo
La cámara del móvil abre la carta en el navegador. Sin instalar nada, sin registro y sin pedir datos a nadie.
Tus clientes escanean y ven la carta con fotos, alérgenos y precios al día. Sin apps que descargar y sin volver a imprimir nada cuando cambies un plato.
Es lo que montó medio sector con las prisas de 2020 y lo que sigue habiendo en muchas mesas: un código pegado en un adhesivo que abre un archivo pensado para imprimirse en A4. El cliente tiene que hacer zoom, arrastrar la hoja de lado a lado y buscar el plato con los dedos. Es una carta de papel, pero incómoda.
Una carta digital QR de verdad es una página web hecha para un móvil y conectada a tus datos. La diferencia no es estética: es que una se puede consultar, filtrar y actualizar, y la otra no.
Prueba rápida: abre tu carta actual en tu propio móvil, en vertical y con una mano, como la abre un cliente. Si tienes que hacer zoom para leer un precio, tienes un PDF.
Conectada al TPV, así que nunca dice algo distinto de lo que hay en cocina.
La cámara del móvil abre la carta en el navegador. Sin instalar nada, sin registro y sin pedir datos a nadie.
La imagen es lo que más mueve un pedido. Cada plato con su foto real, no con una de banco de imágenes.
Los 14 alérgenos marcados uno a uno, visibles antes de pedir. Cumples la normativa sin la carpeta plastificada.
Marcas la falta de existencias desde el TPV y el plato deja de verse al instante. Menos disculpas en la mesa.
Programa las secciones por franja: desayunos por la mañana, menú a mediodía y carta por la noche.
El cliente elige y envía la comanda, que entra en el TPV y en cocina. Ideal para terrazas grandes y horas punta.
No es un extra bonito, es una obligación con inspección detrás. El Reglamento (UE) 1169/2011 obliga a informar de los 14 alérgenos de su Anexo II también en los alimentos que se sirven sin envasar —es decir, en todo lo que sale de tu cocina—, y el Real Decreto 126/2015 concreta cómo hacerlo en restauración. Aplica a bares, restaurantes, cafeterías, catering y comedores, sin excepción por tamaño ni por facturación.
La norma pide tres cosas, y la carta digital las cubre las tres a la vez:
La ventaja añadida de tenerlo en digital es que se mantiene solo. Cuando cambias un ingrediente de un plato, la información de alérgenos se actualiza con él. La carpeta plastificada, en cambio, envejece desde el día que se imprime y casi nunca refleja la cocina real de seis meses después.
Esto es una explicación divulgativa de la normativa, no asesoramiento legal. Para tu caso concreto, consulta con tu técnico de seguridad alimentaria o con tu asesoría.
La pantalla no se cansa ni se olvida de sugerir. Lo primero de cada categoría se pide más, así que ahí va el plato con buen margen; y el «¿le añades patatas trufadas?» aparece justo en el momento de decidir, no cuando el camarero se acuerda.
Hay dos formas de tener carta digital. Una es contratarla suelta a un proveedor y mantener dos catálogos en paralelo: el del TPV y el de la carta. Funciona hasta el primer cambio de precios, que es cuando descubres que llevas tres semanas cobrando algo distinto de lo que anuncias.
La otra es que la carta lea directamente los datos del TPV. Un solo sitio donde cambiar un precio, una sola descripción por plato, unos alérgenos que no hay que mantener dos veces. Es como funciona la carta digital de AtlantePOS, y es la razón por la que no se desincroniza nunca: no hay nada que sincronizar.
Montamos tu carta real con fotos y alérgenos, te mandamos el QR y la abres en tu móvil. Si no mejora lo que tienes, no hay más que hablar.